La profesora

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En mi extensa trayectoria como profesora de Yoga desde hace más de 25 años, he tenido experiencias y practicado en diferentes centros y asociaciones con personas de todas las edades y diferentes niveles físicos.

Fundadora y Presidenta de la Asociación Satsanga Yoga, que he dirigido durante 14 años. Hace 6 años abrí las puertas a todos los interesados en practicar esta enseñanza, ampliando las actividades a otras áreas favorables para la salud integral de la persona, la armonización en un lugar especialmente diseñado y habilitado para ello.

Este país tiene una gran conexión con el Yoga, la meditación, la medicina ayurbeda, natural y milenaria en India y Nepal. En esta medicina todos sus médicos aconsejan meditación, dieta y masajes para la curación de las personas.

La lección:

Una sociedad basada únicamente en la economía y las apariencias externas, lo material, no puede ser feliz. Somos seres de Luz con una gran y poderosa alma que, si no escuchamos, nos sentimos como mutilados, algo nos falta.

Reconocer la fuerza del espíritu, la sencillez, el amor, el respeto por los demás seres vivientes, vivir en contacto con la naturaleza, observándola y respetándola. Escuchar las enseñanzas milenarias de los sabios del Yoga, tan sencillas y repletas de sentido común es esencial para el ser humano, su realización y felicidad.

Por cierto, di tres clases de Yoga (inevitables). No conecté con ningún asram ni maestro de allí porque mi intención necesaria era descansar pero me acompañó en todo momento el libro de “Los Yoga Sutras” de Patányali, antiguo y gran maesgtro del Yoga y que os recomiendo. Casualmente acabé su lectura en el vuelo de vuelta a España.

Historia:

Todo comenzó con una propuesta de una ONG nepalí para ir en Agosto como voluntaria dando clases de Yoga.

Cosas del destino, mi conexión con esta ONG desapareció. Más tarde, en una meditación, estando mi mente en completa calma, no paraban de llegar a mi imágenes de los Ojos de Buda. Quería permanecer en esta calma mental, ya sabéis lo bien que se está, pero la imagen de estos ojos volvía a mi mente.

Pronto conocí el significado y descubrí que estos ojos de Buda son el símbolo primordial de Nepal. Recibido el mensaje claramente decidí viajar a allí y emprender esta gran aventura en solitario. Algo en mi corazón me daba confianza, tranquilidad y seguridad.

Salida: Valencia 5 de agosto de 2014

Nepal es un país lleno de color, especialmente por sus mujeres, Elegantes, hermosas, sencillas. Sus gentes, en general estilizadas, libres aún del consumismo occidental, se mueven y andan con ligereza, suavidad y rectitud.

Allí personas y animales, elefantes, bueyes, vacas, gallinas, garzas, perros, gatos, cabras… danzan en un movimiento continuo que realmente asombra, un verdadero arte innato. Me siento muy bien respetando esta danza y la tranquilidad con la que que se mueven los seres humanos y los animales.

Sus gentes afables, sonrientes, abiertas, disfrutan con calma y tiempo de la sencillez de la vida. La gente es muy trabajadora, encantada de realizar su trabajo diario con innumerables horas, o simplemente estar.

Todo el mundo conoce el Yoga, valorándolo de forma sorprendete para mi. También la meditación, los masajes… En todas partes saludan con un “namasté” y ya al comenzar el día los mantras se escuchan por la calle, desde cualquier tiendecita o lugar.

La música Nepalí suena en directo por todas partes. Una música armónica que suaviza los sentidos y sana el alma. También te puedes encontrar a un grupo de Rock cantando en versión rockera Namasté y Om Nama Shivaya.

Encontré, hablé, conocí gentes encantadoras de todos los países del mundo: Francia, Alemania, Estados Unidos, Italia, Israel, Australia, Dinamarca, Venezuela, China… y de Nepal.

Como anécdota, lo que me sucedió es que mi primera conexión con Nepal en valencia fué con Suraj (el sol). Llegué a Kathmandú y la primera guest house dondé pasé una noche se llamaba Om Tara. Al día siguiente viajé a Pokhara y la dueña del guest house Anapurta se llama Laxmi (Diosa de la prosperidad y abundancia y también mi nombre nepalí-hindú). Tras tres noches allí pasé al guest house Visnú! Al día siguiente cambio y Ruray (el sol) me lleva las maletas a Freedom, donde paso tres días para cambiarme después al Kalpana guest house. ¿Sabéis quién me lleva las maletas? Shiba!!! En este nuevo lugar me esperan Krisna y Dharma (tu propósito de vida), que son los gerentes. No sólo eso, fui a comer a Family Garde y el papá, que es el cocinero se llama Ganesh, como también se llamaba mi amigo músico batería… en fin, esto me hacía sentir muy bien, en casa.

La gente es calmada y acogedora dentro de la precariedad de sus posibilidades.

Aún cuarenta y cinco castas conviven con sus normativas que, presiento, van suavizando con el tiempo.

¿La comida? Extraordinaria. A poco que busques, preparan los alimentos con verduras sanas, naturales y muy sabrosas. Tardan un poquito en servirte porque lo cocinan al instante. Zumos naturales recién exprimidos extraordinarios por menos de un euro. Los Lacis, una especie de yogur riquísimo, son una delicia para el paladar y el cuerpo. Arroces condimentados con sus salsas picantes súper sabrosas. Las cartas en los restaurantes están basadas prácticamente en platos vegetarianos aunque algún plato hay de carne o pescado.

Lo peor, ¡los mosquitos! Los mosquitos nepalíes me aman y me pican constantemente. Muchas veces de forma simétrica. Tobillo derecho, tobillo izquierdo, nalga derecha, nalga izquierda… y a la misma altura! Parecen los saltos del Nidra pero… son mosquitos.

Debo de confesaros que me sorprendieron muy gratamente unos pequeños insectos voladores que aparecen por la noche. Van haciendo flashes de luz blanca. Les llaman jum Kiri o moon insect o flashing flying! me aportan la sensación de estar en la película de avatar. Son adorables y alucinantes.

Sobrevolar las montañas del Himalaya en parapente, acompañada de mi instructor Herve Burdet, fue una experiencia inolvidable. De forma muy delicada y suave (shanti, shanti), volamos con las corrientes del viento en las alturas. Cuando vimos un ave me dijo: “Mira, ese es mi maestro. Sigo su ejemplo”. Nos deslizamos con esas grandes alas que son el parapente, respetando el silencio del entorno y guiándonos por las corrientes naturales del aire.

Lo más en Nepal, sus gentes. Con la sencillez y la calma, carencias y alegría, humildad y respeto, conviven en una danza universal armoniosa y calmada toda clase de seres, tanto personas como animales.

Lo máximo: el elefante!

Grandioso animal vegetariano, fuerte, poderoso, humilde, delicado, sensible e inteligente como ningún otro. Tuve la suerte de compartir por la selva un paseo con ellos que duró una tarde. Si guía se sienta en su cuello. Lo dirige con la presión de los pies tras las orejas. Sus uñas del padangusta (dedo gordo del pie) están limadas como si se las comiera. Al principio, para salir, una vara de metal para guiarle. Al entrar en la selva, un palito de madera que al mismo elefante le dio por que su guía se lo pidió. Con esta experiencia no me extraña que Shiva y Shakti eligieran la cabeza de elefante para su hijo y que Ganesh aparte los obstáculos del camino. Igual te parte un árbol con la trompa (como yo parto un palillo) que recoge, con gran delicadeza, la gorra para el sol que cayó en suelo. Verás en las fotos de los elefantes que la madre y la cría están atados por su tobillo derecho a un palo de madera. El padre elefante vive libre y salvaje en la selva. Creo que debe visitar de vez en cuando a su familia. Presiento que ellos en libertad no lo harían así, pero es la forma actual más delicada en que los hombres pueden perpetuar esta especie.

Admirable también en la selva la relación elefante-rinoceronte. Estos dos gigantes y vegetarianos animales se relacionan con profundo respeto y silencio. Movimientos lentos y percepción les unen. También habían ciervos, perdices (creo) y muy diferentes especies de pájaros, por los sonidos que escuchaba.

Vuelta: Viernes 29 de agosto de 2014 a las 2 pm

Mis encantadores hijos Fede y Diana tuvieron el detalle de venir al aeropuerto a recogerme. Con ellos también, nuestra amiga Ana, no menos encantadora. Muchas gracias, hijos.

Voy a intentar con una imágenes y música nepalí de fondo, transmitirte esta vivencia, aunque sé que no es comparable a lo vivido.

Ya sabes, para las cosas del alma, el lenguaje e incluso las imágenes no son suficientes.

Estoy muy agradecida:

A Suraj, mi eslabón en España. A Sumán, su hermano, mi ángel en Kathmandú. A Margarita (terremoto de alegría). A Erik, Verónica, Arantxa, Suray de Freedom, Krishna, Darma, Ram, Laxmi… A mi amigo Orgur de Estambul que me ayuda cuando voy a esta ciudad. De forma especial a Begoña y Carolina, mis encantadoras alumnas, que por su experiencia nepalí me dieron la inyección de energía para confiar en este viaje. Espero que disfrutéis este vídeo.

Un abrazo a tod@s,
Tashi Delek,

Loles (Laxmi)